domingo, 14 de octubre de 2007

La mujer de la negra melena

Cuerpo magro y grácil,
idóneo para la alada tarea
de transportar los dones
hasta sus receptores,
de mediar entre las almas que se ignoran,
de paliar ese indeseado aislamiento.
Sus negros cabellos refulgen
con una luz diáfana,
ya que el destino ha querido
que su presencia,
dotada de un inusual resplandor,
intimide a los demonios que nos parasitan
tratando de extender la negrura,
disuadiéndolos de su pestífera ocupación.
Voz clara, firme,
brotada de una fuente hialina y pura.
Escuchándola se revela
la ausencia de turbiedad
en un espíritu que se conoce
y se posee a sí mismo.
Un leve gesto de contrariedad
se insinúa a veces en el bello rostro
es cansado dar siempre,
pero esa breve mácula
no logra arraigar
en un sitio que la alegría y el dolor
han esculpido de forma tan armoniosa.


El negro crascitar de los alicortos cuervos de oficina
no podrá ahogar la resonancia de sus conquistas.
¿Qué sabrán ellos del Reino donde ella,
con maestría y dulzura,
ejerce su autoridad?
Pues sus dominios son
los de la gracia y el sentimiento,
la comprensión y la dádiva.
Es ella la que me dicta estos
que pretenden ser versos,
yo únicamente soy su dócil amanuense.
Es por eso que sé
que la belleza les ha insuflado
su mágico vuelo.


“La vida es una maravilla”.
¡Si uno pudiese verla a través de sus ojos!

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