domingo, 21 de octubre de 2007

Las palabras compuestas

Me gustan las palabras compuestas. Suelen ser bastante expresivas, su significado se deduce con facilidad sin tener unos grandes conocimientos léxicos ni etimológicos, supongo que esto es debido al origen popular y coloquial de muchas de ellas.

No soy aficionado a los placeres de la mesa pero envidio en cierta forma a los tumbaollas, me gusta observar su cara de satisfacción cuando embaúlan esas ingentes cantidades de alimentos, en cambio, mi sensibilidad está más distante cuando se trata de tragaldabas, éstos suelen tragar de todo, no sólo comida. Sin ser un comecuras, mis efervescencias religiosas son bastante tibias por no decir nulas. Frecuento más la alígera compañía de los librepensadores, su contacto es más beneficioso que el de los que intentan imponernos sus dogmas a machamartillo, para estos hombres de negro, los correveidiles del Señor, soy un tragafees.

No se me da muy bien la inexcusable interacción con la fauna humana, ¿cómo soportar la conversación de un pisaverde?; ¿quién confiaría en un pinchaúvas?; ¿emprenderíamos algo con un saltabancos? Mi tendencia a la apatía me impide sufrir a los buscarruidos, no congeniaría con un calvatrueno y no soportaría los tejemanejes de un fementido. Sin embargo, desearía relacionarme con azotacalles y vagamundos, incluso convertirme en uno de ellos, llevar en un porsiacaso mis modestas posesiones y cazcalear a mi gusto por el mundo adelante aunque bien sé que no lo lograría, uno está más próximo a ser un ganapán. Desdeño a los sabelotodo que han adquirido su supuesta erudición a través de simples remediavagos y no han profundizado nunca en nada, se saben todas las cifras, estadísticas y datos del mundo pero debajo de esa apariencia no suele haber verdadero conocimiento.

Tengo unos sueños extraños cuando estoy en duermevela, más que sueños son como suaves delirios generados en los intersticios de la conciencia que no llegan a alcanzar plenamente el reino de lo onírico, una especie de trampantojos que me parecen ora reales ora imaginarios.

Por hoy ya está bien de este pasatiempo, creo percibir la impaciencia de los improbables lectores de este portafolio virtual, algunos ya estarán iracundos y cejijuntos acaso con la damajuana llena de agua hirviendo preparada para escaldarme o dispuestos a propinarme un binario puntapié convirtiéndome en un hazmerreír. A mí me gustaría, no obstante, que me regalasen un ramo de nomeolvides.

Otro día puede que sigamos con este trabalenguas.


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