miércoles, 14 de noviembre de 2007

Un soneto para C.

Esperé largo tiempo su llegada,
de un trozo de mí mismo carecía
vacua mi jornada, huero mi día
gélido aliento de la madrugada.

Movió mis cimientos como si nada
despertó la soterrada alegría
del necio que vivir ya no quería
azuzándole su alma aletargada.

Palito africano, negra melena
la del león, tres monedas propicias,
preguntas de dulce limón, sin pena,

las mejores señales: sus caricias.
Su cálida plenitud mi remanso
mi dolorido sentir su descanso.

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